Las uvas de la ira (John Steinbeck)

4 de enero de 2024   |   por Pedro A. Vega

Encontrará difícil descifrar esta historia a través de este sugestivo título. Con su permiso, voy a ayudarle. Tendrá, quizá, una vaga referencia de la Gran Depresión. Imagínese una cuesta de enero interminable y astronómica. Empezó en 1929 con el crack de la Bolsa y finalizó ya entrada la Segunda Guerra Mundial (y gracias a ella). No, este libro no va de títulos de acciones y bonos que dejan de tener valor. Vivimos –los personajes viven– en la realidad menos abstracta: la del estómago.

Tom Joad acaba de salir de la cárcel porque mató a un hombre en una pelea de pueblo. Ha pagado su condena pero todavía le restan unos años de libertad bajo palabra con la prohibición de salir del estado. Cuando llega a casa la familia está a punto de partir. Son unos agricultores de Oklahoma que lo han perdido todo –casi todo, no han perdido la honestidad y el sentido de familia– y marchan al oeste, a California, la tierra prometida de frutas y algodón. Los grandes terratenientes –los bancos– invaden los estados pobres de octavillas ofreciendo trabajo a espuertas y generando un efecto llamada irresistible. El camino es una epopeya y no hay epopeya sin sangre, renuncias y pérdidas. California espera con los brazos abiertos pero el abrazo puede asfixiar.

Este grandioso libro se publicó en 1939 y es escrupulosamente actual. Estos emigrantes –perdón, migrantes– cruzan medio Estados Unidos para encontrar un trabajo. Hay miles de ellos. Cientos de miles convertidos en temporeros. Viven en unos asentamientos que se denominan Hoovervilles y hoy los llamaríamos chabolas o favelas. Madre, la madre de Tom, es una mujer fuerte. Si lo prefiere, empoderada. Esta mujer es el arquetipo de madre que hará lo que sea necesario por mantener su familia a flote. Además, es optimista y planta cara a su marido cuando la va a zurrar. No es un tributo al feminismo sino reconocimiento y Steinbeck un documentalista. La familia es primordial aunque algunos hombres huyen. Otros permanecen en la familia por inercia, como el tío John que arrastra un horrible pecado que a nadie importa o Tom, que ha nacido para los problemas. Hay niños que ríen, corren y se pegan. También trabajan cuando hay trabajo. La comida no es un protagonista menor y el hambre es el antagonista más temido. Las uvas se cultivan en California y crecen y maduran como la ira en el interior de los hombres desesperados.

Si usted es sensible el final del libro se le puede atragantar. Digiera la sustancia con delectación.

John Steinbeck recibió el Premio Nobel en 1962.

Las uvas de la ira
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